Bello Abril

Nos pasan tantas cosas en la vida, que si aparece el sol hay que dejarlo pasar... Abril, otra vez, para que no tengamos soledad. Y las violetas que coronan tu tristeza y las guirnaldas de tu inmensa soledad sos tan hermosa que jamás vas a dejar de brillar así aquí o allá... Sos parecida a los planetas que se mueven por ahí que no podés parar ya nunca de girar... Para que no tengamos soledad... para que no tengamos nunca más soledad... Fito Paez.

Mi foto
Nombre: Abril Lech
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

jueves, enero 26, 2012

Costa Azul, otra vez Uruguay

Como ha nacido junto al mar, desde pequeña escucho decir a mi madre que cada año es necesario recargar en él la energía que la ciudad nos roba en cómodas cuotas. El agua perpetuando el movimiento ascendente y la ley de gravedad van limpiando nuestros cuerpos físicos, sutiles, etéreos, lo humano y lo divino, igualando a todos los seres que se introducen en su magnificencia.
Frente a sus costas somos partícipes de tanta grandeza al inhalar profundo su energía marina que todo lo puede. El agua salada revive cada uno de nuestros sentidos, al sumergirnos emerge una vida nueva dentro del que parece el mismo cuerpo, que no lo es.
Quienes así vivenciamos su diálogo perpetuo con la arena, sanamos dolores físicos y álmicos, desafiando las olas o acompañando su deslizar sereno de espaldas hacia el cielo, según el día que nos toque. No somos los únicos...
Los espíritus de la naturaleza se toman un recreo a sus orillas, juegan por igual con animales o personas, sin molestar a las silfides que ondulan el viento, ni distraerse con las ondinas surfeando las olas. Como si no las vieran. Compiten con ellas desde tiempos eternos.
Algunos seres, entre los que me encuentro, se entristecen un poco cuando se acercan los restos de las sirenas deshechas en espuma. Son los mismos que se distraen en la costa con los restos de peces muertos o los transparentes huevos vacíos que la pueblan.
Ya escribí hace un tiempo, en este mismo sitio, sobre la belleza de la costa uruguaya, que amo tanto por si misma como por su gente. En especial comenté que al este de Montevideo, sobre lo que se denomina la Costa de Oro, entre arenas blancas y aguas calmas encontrábamos sitios como Floresta, Bello Horizonte, y aquel lugar que elegí: el pequeño balneario COSTA AZUL .
Que encontré con mayor vida esta vez por la cantidad de turistas, muy especialmente en el fin de semana, muchos adolescentes caminando las calles. Llegan con sus motos de agua, enormes camionetas, cantidad de sombrillas, carpas, ruidosa alegría de día y de noche. Feria algunas tardes.
Costa Azul aún no sufre la invasión molesta de la tecnología pero en cambio está plagada de ruidosas motos que llenan el aire a toda hora y de mucho perro abandonado a su suerte. Uno de ellos intentó morderme una de las últimas mañanas, alterando un poco mis hábitos los últimos días. Es curioso ver que cada familia parece tener su perro, además de los muchos que andan sueltos.
Desde muy temprano veo personas que cruzan la calle hacia el mar, termo en mano. Una señora me saluda amablemente. En bata de cama y con un pañuelo tapando sus ruleros, sin pudor alguno, como quien se mueve en el patio de su casa. Se sienta en uno de los bancos que mira hacia la costa y desayuna su mate mirando el mar. El amanecer lento y brillante se regala tanto como el atardecer.
Entre los pescadores distingo uno que se repite cada mañana. Lo cruzo puntual cuando salgo a caminar, cerca de las siete. En mi regreso me detengo a charlar con él. Su bolsa plástica ya contiene uno o dos pescados medianos boqueando, que dice preparar como filetes a la hora de comer. Quisiera recordar los nombres, y excepto el relato del día que pescó una raya "así de grande", no recuerdo mucho mas. Le pregunto si su mujer no está harta de comer pescado todos los días y se rie largo, con toda la boca abierta... me gusta la gente...

La costa se dispersa de un balneario hacia otro, la bahía termina en unaa enorme punta rocosa que luego se prolonga en una linea extensa. La concurrencia huye del mediodía que es cuando me gusta salir a beberme el paisaje para mi solita, y detenerme en cada piedra, huella, despojo, sin miradas ajenas que me apuren por nada.
Hay una soledad muy conversada en esas horas de sol a pleno. Yo juego con los pájaros a correrlos, chillarlos copiando su grito, fotografiarlos hasta el hartazgo, y hasta me doy el lujo de seducir a una golondrina tijereta que ante mis halagos, me acompañó unos 200 mts. (que obviamente no es la gaviota que aparece en la foto que sigue)
Mi golondrina Tijereta fue un milagro para mi. No saqué mi cámara para que ninguno de mis movimientos la asustara, yo seguí caminando lenta sin dejar de hablarle sobre lo bonita que era. Ella aleteaba delante mío unos minutos y cuando mis pasos la superaban avanzaba otra vez un metro por delante, manteniéndose con las alas en un mismo sitio. Le conté de mis golondrinas y le hablé durante esas dos cuadras repitiéndole una y otra vez lo hermosa y única que era su oscura coleta... hasta que la espantó un perro.

La punta rocosa que divide los balnearios de Costa Azul y Bello Horizonte, hacia el este, es conocida por la cantidad de mejillones. Por eso es común ver en la tarde muchos pescadores deseosos de corvinas, que según me dicen, vienen atraídas por el mejillón. Corvinas no vi ninguna. Lo demás abunda.
Las dunas y la vegetación separan las casas de la fuerza marina sin quitarle su poder. Hay comunión en este paisaje en cualquier hora que se lo pise.
Esta mañana, mientras desayunaba en mi pequeño balcón ciudadano, cerré los ojos y me trasladé en apenas segundos a la sensación de plenitud que tenía cada vez que metía mis pies en el agua fría del Mar Atlántico. Con gratitud.

Etiquetas: , , , , ,

martes, enero 18, 2011

José Ignacio - Uruguay

En mi recuerdo cuando éramos chicos un día de nuestras vacaciones se destinaba a la "excursión a José Ignacio". Había que pedirla, insistir y ayudar a organizarla porque a los grandes no les daba demasiada gracia.

Como era un pueblo que quedaba "mas allá", uno se preparaba un picnic con todo lo que podría llegar a consumir en ese día. Esto se fue repitiendo en los primeros años de la adolescencia, con el agregado de la guitarra y el mate, en grupos de amigos.

Las playas las recuerdo como las mejores de todas las vacaciones, posiblemente por aquella lejanía y porque se disfrutaba desde temprano hasta la caída del sol. Arenas solitarias con el mítico faro como testigo mudo de aventuras, fogones, peñas con guitarra, según nuestras edades. Volvíamos por lo general con las mejillas encendidas y agotadísimos.
¡Las cosas han cambiado tanto!

Ahora la mayoría de las fiestas multitudinarias y de onda se hacen cerca de La Boyita -casi llegando a José Ignacio- de acceso claro, rápido y bien distinto al camino original, la vieja ruta nacional 10 destartalada y apenas señalizada que nuestros padres supieron conocer.

Es tanta la gente que veranea actualmente en José Ignacio que las playas dejaron de ser aquellas solitarias arenas donde "sólo corre el viento", aún cuando sigue siendo de los lugares más lindos de la costa de Maldonado y nunca tan pobladas como las playas de las primeras paradas de Punta del Este.
Un pueblo "gourmet", con pintorescos restaurantes donde encontrarse con amigos y degustar pescados, mariscos, gambas a la plancha o el famoso omelette de algas que solíamos comer en Santa Teresita y que aún hoy se ofrece como plato típico del lugar.
La urbanización es impresionante. Año a año parece diluírse el viejo pueblito de pescadores que se interna en el mar desafiando los vientos con su viejo faro, construído en 1877, de playas casi vírgenes y grandes médanos. Las casas comienzan a invadir cada metro cuadrado y uno desea en silencio que algo detenga tanta construcción.
El pueblo sigue siendo pintoresco y muy bello. Aún quedan caminos sin asfaltar y restos de antiguas construcciones. Invadido en enero por cantidad de familias, automóviles, camionetas, mas tranquilo en febrero, y decididamente pacífico el resto del año.
Al igual que en Punta del Este, existe una playa Brava y otra llamada Mansa, apenas separadas por unas cuadras de distancia. Al igual de lo que sucede en Punta del Este, en José Ignacio se le denomina Playa Brava a la que queda sobre la costa este de la pequeña península y Playa Mansa a la que mira hacia el oeste.
El faro -de tercer nivel- es el ícono del lugar. Construído en 1877, con una altura de 32,5 metros, un alcance geográfico de 16,5 millas y lumínico de 9 millas. Su intensidad luminosa es de 1550 candelas y emite un destello blanco cada 2 segundos.
En los últimos tiempos sus playas han visto megafiestas, desfiles, caballos jugando al polo, y en los proximos días -del 21 al 23 de enero en Chacras del Faro- El Green Film Fest que exhibe las películas que han sido mas premiadas sobre medio ambiente.
Personajes de todas partes del mundo desfilan por sus simpáticas callecitas. este año uno de los que más llamó la atención fue Ronnie Wood, el guitarrista de los Rolling Stones, quien dijo estar tan fascinado con el lugar que prometía volver con todo el grupo a brindar un recital allí mismo.
Y hasta la cantante Cyndi Lauper se hizo presente brindando un increíble show en vivo rememorando sus grandes temas, en ocasión de la fiesta Lacoste, en el Parador La Huella. Show que finalizó con un deslumbrante show de fuegos artificiales a orillas del mar.

Los locales de ropa, artesanías, regalos y demás tentaciones tienen la particularidad de estar un poco al aire libre, un poco dentro de una casa, o pegadito a un bar o restaurant, los objetos distribuídos por el parque si el día está lindo, una onda bien relajada y tranquila hasta para hacer shopping.
Y si bien los precios no son tan relajados, la gente compra de todos modos.


Con estas postales de José Ignacio los dejo soñando o planificando. Vale la pena ir si se está por Punta, quedarse por el día y regresar. Aún con clima ventoso, como nos tocó a nosotros, se lo disfruta.

Las fotos las tomé fuera de temporada, ahora la cantidad de gente, camionetas, toldos, y demás impedirían disfrutar acabadamente el paisaje y la foto de la mansa que aparece aquí abajo, justo en la bajada de la Posada del Mar, se vería muy distinta.

Tanto que ustedes dirían que son dos sitios diferentes. Y no.

Etiquetas: , , , , , , ,

jueves, febrero 18, 2010

Laguna del Sauce


Laguna del Sauce es la más extensa reserva de agua dulce con que cuenta el departamento de Maldonado, Uruguay. Bastante profunda, unos 7 metros en las orillas y 13 metros en el centro aproximadamente.
Se controla el desagüe - sobre el Río de la Plata - por una presa. De costas con suaves declives y algunas zonas con barrancas de tosca.
Algunas bahías con playas de arena y algunos juncales además de zonas bajas, esteros e islotes de poca superficie en la entrada a los brazos Del Potrero, esperan a quienes escapan del viento del mar. Los días de mucho viento, claro.

En fin... en eso estamos...

Etiquetas: , ,

jueves, diciembre 31, 2009

Último Día 2009

¡¡¡¡Gracias Uruguay por tanta belleza!!!
Por la paz, el sol, el mar
la gente simple y solidaria.

De Montevideo a Punta del Este
se extienden kilómetros de playas casi desiertas,
que luego se continúan en el camino a José Ignacio.
A la salida del barco en Montevideo
me esperaba mi hermana Sol, que me ganó de mano.
Solcito me dejó al mando de su "Branca",
porque sabe que manejar es una de las cosas que más disfruto.
Con la patente chilena jugábamos a ser doblemente extranjeras.

Ciertamente Uruguay está bastante caro para los argentinos
y lo notamos en aquellas cosas que no
pudimos evitar: la nafta y los peajes.
Los kilómetros de la Ruta Interbalnearia me inundaron
de luz y una felicidad intensa que comenzó a colorear todo
cuanto hacíamos. Nos charlamos la vida, nos pusimos al día
emocional y musicalmente porque Solcito se trajo una
selección impresionante de música que yo desconocía totalmente,
en especial brasilera que ella tanto ama.
Entramos en Costa Azul
le mostré a Solcito la "I" y los sitios aledaños.
Recorrimos la costa desde La Floresta
hasta Bello Horizonte. Volvimos a la ruta,
paramos en Portezuelo, visitamos a su gente,
nos cargamos con cariños y mimos para entrar en la
Ciudad, avanzar por la Brava extendiéndonos en la Mansa.
Sol y yo amanecimos en un B&D
que encontramos la noche anterior
por Internet, y que gracias a su dueño Ricardo,
resultó un refugio excelente para nuestro cansancio.
Se llama "Versos del Este" y nos permitió dormir
en el silencio de los sitios alejados de la movida.
Queríamos quedarnos una noche en La Barra
antes de instalarnos en Portezuelo
porque la mayoría de nuestros amigos estaban allí,
y porque todos los eventos a los que estábamos invitadas
tenían lugar en el tramo que va de Manantiales a José Ignacio.
Los últimos dos días del año fueron, posiblemente,
los días más intensos y felices del 2009,
tiempo de reencuentro en muchos terrenos.
Ahora que pienso hicimos tantas cosas, que me cuesta
creer que fueron apenas 48 horas.
Aprendí tanto de mí en estos últimos momentos
que parece inverosímil mirado en contexto.
Es el sol, el mar, la luz, el contacto permanente con
mi hermanita menor que había olvidado lo divertida
y alegre que era, estar con mis papás, mis otros hermanos,
mi sobrinita...
Y al mismo tiempo -debo ser sincera- no tener la
preocupación y ocupación -por momentos agobiante- de la responsabilidad
de mis hijos, ya que estaban con su papá en otro sitio.
Ser yo, absolutamente yo, decidiendo qué hacer y qué no hacer,
riéndome de todo -hasta de toda la ropa que no llevé, de la horrible valija
que armé vaya a saber pensando en qué porque nada me servía, de Solcito inventándome atuendos y accesorios.
Encontrándome con amigos de toda la vida
de esos que no están sujetos a los cambios climáticos,
ni a los de estado civil, los que se perpetúan en el
tiempo y crecen con uno desde la adolescencia,
los que no esperan obtener de la amistad provecho alguno.
Bikini es un clásico repleto de gente,
-mucho brasileros, fácilmente distinguibles
ellas por el lomo y ellos por la zunga-
pero también inmejorable punto de encuentro.
Cuando fue demasiado partimos hacia la Mansa.
Portezuelo de médanos y mar en calma,
playas extensas bajo el mismo intenso sol,
el silencio de la tarde que se inicia,
el último día del año que se marcha.
Esperamos el atardecer jugando a surfear la arena,
o a hacer snowboard en el sand,
porque Solcito es experta en ambas superficies.
Abrilita en cambio se excusa con una extensa
explicación acerca de los tontos que se quiebran
ni bien comienzan las vacaciones.
Y apenas posa para la foto.
El sol va cayendo lento
hasta derramarse en el mar.
Lentamente todo se tiñe de dorado
Mi papá repite por quinchigésima vez
que no es el sol esa luz que vemos en
última instancia sino su reflejo
y nosotros nos reímos por el comentario que
permanece a través de los años.
La gente se autoconvoca en la playa
para capturar esos últimos
momentos mágicos de luz
del año que se marcha.
Y hay deseos en voz baja.
También gratitud.
Finalmente se oculta el último sol del 2009.
Será hora de correr a vestirse de blanco
para recibir el 2010 con todo lo nuevo,
amparados por laluz de la luna llena azul,
segunda luna llena del mes vestida de eclipse parcial.
Por eso los ánimos cambiantes de las últimas
horas del 2009.
Pero eso es otro post.

Etiquetas: , , , ,