Bordeando el Tibet

Hace un tiempo la sincronicidad no casual me regaló una amiga que no esperaba. Lejos en el espacio, próxima en el alma, atraviesa continentes singulares acercándome a la unidad de tiempo y espacio. En los últimos días se deslizó imperceptible por el Tibet y fue tan generosa en su trayecto que nos escondió a quienes deseábamos treparnos a ese tren, un imposible...
Como percibe el anhelo,nos lleva en sus manos,
nos presta sus ojos,
Nos esconde en su pecho
permitiéndonos leerla.
Nos corporiza en pensamientos a la vez que descifra la esencia de aquellas culturas inaccesibles. Luego comparte con nosotros las fotos.
Cada imagen me regresa (ella no lo sabe) al "Misterio de las Coincidencias" que me persiguió en sueños la noche entera en medio de la lluvia torrencial, los truenos, el viento y ese perpetuo despertarme para verificar las ventanas cerradas o abiertas. Entonces presurosa me levanto esta mañana y busco el libro donde Eduardo Zancolli, hace unos años atrás, me fue internando en esta tierra de "vajra" donde la fe protege e ilumina.
Donde el "Drala" es capaz de tomarme en sus brazos para llevarme mucho más "allá del conflicto", "más allá de cualquier opuesto", "mas allá de los contrarios".
¿Similitud Chamánica? Desde luego, no hay espacio en un plano ilimitado y circular. No lo hay, a pesar del frío, bordeando el Tibet.
Etiquetas: Chamanes, Eduardo Zancolli, sincronicidad, Tibet, viajes



